Late Bottled Vintage o el placer de tomar una aperitivo con la sabiduría de una comida

Hay pocas bebidas que puedan dejar una huella tan profunda en el paladar como un Oporto. Si además es un Ramos Pinto Late Bottled Vintage del 2009 todavía mucho más.

Son horas desarraigadas y nostálgicas, el estómago no deja de rugir reclamando puntualidad, reclamando «su hora». En paralelo a la botella negra zaína nos encontramos con un jamón veteado de fina grasa bellotera, unos picos y la COPA de Ramos Pinto LBV. Su clásica forma, con el holluelo en el tallo, diseñado por Álvaro Siza la delata como tal.

Ramos Pinto LBV
Ramos Pinto LBV

El color rojo profundo, lleno de sabiduría, con una paleta cardenalicia que ni siquiera el mismísmo Greco es capaza de alcanzar, nos predispone para lo mejor: su estallido en boca. Pocos productos tienen tanta fruta y un aroma tan poderoso y excitante. El tiempo pasa y los matices vuelan; especias, chocolate, anís.. y una evolución infinita hacen de este vino que cada sorbo sea sinónimo de descorchar otra botella. ¡Qué versatilidad!. Hoy es el jamón, mañana puede ser un foie gras y pasado un rabo de toro… y la semana que viene Dios dirá.

Un terciopelo disimula sus casi 20 grados de alcohol, y su cuerpo nos recuerda, vagamente, a esos olorosos del Sur que sin ser parientes íntimos también tienen uva en las venas.